Alexandra Borja, la modelo sorda más bonita de Colombia

Alexandra Borja Pérez nació en una tierra donde el Carnaval se celebra una semana antes, con una inmunidad natural a los piropos y silbidos que estaba destinada a recibir. Tiene unos ojos que hablan por ella. Dicen “sueño cumplido”, al hablar del concurso de belleza en el que representó a Colombia. Dicen “quedé en chino”, cuando recuerda sus intentos de comunicarse en lenguaje de señas con sordos asiáticos y gringos. Dicen “ay, Dios mío, me gusta mucho”, al ruborizarse mientras trata de explicar cómo empezó a bailar en comparsas desde los 7 años sin poder oír nada.

Yo soy orgullosa de ser sorda y voy a seguir siendo como soy, porque soy feliz”. Miss Deaf Colombia 2015 sella las palabras llevándose la mano al pecho. La más hermosa de las 12.218 personas sordas que según el Sisbén viven en el departamento del Atlántico y, probablemente, de las 211.292 que hay en toda Colombia concede una entrevista en el sexto piso de un edificio del norte de Barranquilla. El río Magdalena decora el horizonte. Se asoma en cada ventana como una pintura de 360 grados que continúa en sus ojos, color miel.

Lanza gestos en catarata. Una intérprete descifra sus entusiastas manotazos de ideas. Algo debe perderse entre lo que ella quiere decir y lo que recogen las palabras en lenguaje verbal. Emula sílabas con los labios. Los ojos a veces se enternecen, otras veces lanzan latigazos helados. Sobre todo, cuando un familiar que sí habla interrumpe su relato.

Se expresa sin sonidos. Ok. Pero, ¿bailar sin música?, ¿cómo hizo para interpretar el ritmo y la sabrosura? La veo cuando niña, disfrazada de palenquera y garabatico, en unas fotos que su tía acaba de tender como cartas sobre el escritorio. “Para mí fue muy fácil. Yo desde niña quería saber cómo las personas oyentes bailaban. Entonces le pregunté a una amiga que si podía participar y me llevó a una danza. Las vibraciones se sienten a través del piso, sobre todo cuando el equipo de sonido está muy alto. Siempre participaba en los desfiles con personas oyentes”.

Desde los 12 años, conocidos y familiares sembraron en su cabeza la semilla del modelaje. Empezó a dar frutos hace un par de años, primero como Miss Atlántico sorda y luego como la primera representante del país en un certamen para personas con discapacidad auditiva, en Las Vegas, Estados Unidos.

Nació hace 22 años en Santo Tomás, una población ribereña a hora y media por carretera de Barranquilla, que goza de reconocimiento entre los locales por festejar sus carnestolendas, o carnavales, un día después del desfile de La Guacherna.

Alexandra forjó su espíritu para el mundo de las lentejuelas en la popular Batalla de Flores de SantoTo, prácticamente el último ensayo oficial de jolgorio antes de que se desaten los cuatro días del Carnaval de Barranquilla.

Su padre es conductor de ambulancias en el hospital del pueblo. Su madre es ama de casa. En su familia siempre han atribuido su condición a que su madre tomó “demasiadas pastillas” cuando estaba embarazada. Las valoraciones médicas indicaron desde siempre que “sus órganos del oído están en perfectas condiciones”.

Sin embargo, sufre una “disminución del 65 % de la capacidad auditiva”. Las explicaciones llegan por cuenta de su tía Mónica Pérez. Ha permanecido a su lado mientras hablamos, poniendo sobre la mesa recortes de reportajes y perfiles realizados a su sobrina por revistas y periódicos costeños.

Estamos en su apartamento, donde vive con sus dos hijas desde hace 9 años y a donde Alexandra puede llegar cada vez que lo necesite.

“Es sordera severa —dice Alexandra, sin parpadear—. Mi mamá creía al principio que yo era oyente y me metió a un colegio normal allá en Santo Tomás. Asistía a sesiones de fonoaudiología. Aprendí algunas palabras aunque no oía nada. Fue muy difícil, pero luego empecé a asistir a clases especiales en la Cruz Roja. Mi mamá madrugaba todos los días para traerme”.

Desde Santo Tomás sigue viniendo todos los días. Se levanta a las 4:00 de la mañana, toma un taxi con otros tomasinos y luego, un bus para llegar puntual a su trabajo. El combo-pasaje le cuesta $8000. “La madrugada es difícil. Pero lo más complicado es el regreso. Voy sola, me bajo en el centro y tengo que esperar muchísimo a que pase un taxi que vaya para el municipio. Es peligroso porque empieza a caer el sol. Allá en el pueblo me conocen bien, acá me da un poco de temor”. Tiene los ojos petrificados.

En su regreso a casa, la reina aguarda por un paisano, alguien que le entienda sin necesidad de palabras. Hoy está vestida con su uniforme de oficina: pantalón azul y camisa de botones color cielo.

Nada de vestidos, nada de lentejuelas ni trajes de gala. Nada de escotes, transparencias o telas ceñidas. Nada de peinados encopetados ni maquillaje seductor. Nada de lo que se ve en los recortes de fotos, pero más brillo que en cualquiera. Un moño y ya está.

Una sonrisa refrescante como testimonio de que a su belleza no le hacen falta ornamentos. Tiene la vestimenta de cualquier otra auxiliar del Sena. Ese es el look con que lleva a diario el archivo de una firma de proyectos energéticos. Los mensajes de WhatsApp son su principal herramienta de comunicación en la oficina.

El cálculo, según viejos datos del Dane, es que 5 de cada 1000 colombianos padecen problemas auditivos. Ya tengo muy claro que para ella no todo es modelaje, pero me confiesa que este le dejó una lección invaluable: “No hay barreras ni dificultades que no se puedan superar”.

“Me gradué del colegio y me pregunté ‘¿qué hago?’. Yo sabía que mi mamá no tenía una situación económica muy buena como para inscribirme en la universidad. ¿Será que podía ingresar al Sena? Unos amigos me dijeron que sí. Entonces todo el grupo con el que yo estudié era de sordos. La profesora con quien estudié era oyente y tenía a mi lado un intérprete que me facilitó todo ese proceso de aprendizaje”. Pero Alexandra tiene un reto pendiente: graduarse como profesional.

La sorda que no tiene reparos con que la llamen así confiesa que llegó al concurso de Miss Deaf International sin saber qué hacer y sin recursos para lograrlo. “Me metí a Miss Atlántico porque me gusta. Pero gané y luego, ay, Dios mío, ¿ahora qué hago? Al principio no tenía ni idea. Y después me dijeron: ‘Haz lo mismo que hacen las reinas’. Mi prima me decía: ‘Bueno, tienes que caminar así, derecha. Que no se te vayan a torcer los zapatos. Siempre mirando a la gente, siempre con una sonrisa’”.

Ella misma se maquillaba y se peinaba. Recibió apoyo de la Alcaldía de Santo Tomás para el viaje. Su tía consiguió una diseñadora que le hizo los vestidos. Ningún familiar la pudo acompañar al concurso, porque no tenían visa. La veo decir que quedó china: se alarga los extremos de los ojos como un gato.

“Era un enredo. Gente de todas partes del mundo haciendo señas en los distintos idiomas. Conocí alemanes, japoneses. Pero con el celular pudimos compartir y enseñarnos unos a otros”.

Alexandra tuvo un novio oyente hace cuatro años, pero no funcionó. Dice que ser sorda es una ventaja cuando discute con su mamá, porque solamente voltea la cara y deja que se desahogue. Igual, no la escucha.

El gesto que la identifica, en su lengua, son los dos dedos extendidos en señal de paz y apoyados contra sus mejillas. De repente, sus ojos se ponen llorosos, empapados de recuerdos felices: “Ya que soy una persona sorda y cumplí mi sueño, quiero que muchas personas logren también cumplir los suyos.

Que sepan que si las personas te quieren apoyar o ayudar, lo pueden hacer. No importa que no haya comunicación”. La gente no deja de soñar. Solo cambia de sueños, sea que los cumplan o los pierdan. “Yo sé que me van a apoyar y podré ingresar a la universidad el otro año”, dice a ojo cerrado.

Sería muy paradójico que para una persona con discapacidad auditiva fuera más fácil ser reina nacional de belleza que graduarse de profesional en Colombia, pero de momento así están las cosas.

Junto a cinco compañeros elaboró un proyecto para poder estudiar sin problema en alguna universidad. Lo han presentado a tres instituciones educativas. “Los funcionarios son muy buena gente, muy amables. En ningún momento nos cierran las puertas. Al contrario, nos dicen que ojalá las personas pudieran entrar”. Pero nadie resuelve nada.

Más allá de las buenas intenciones, surge un escollo insalvable: si las instituciones no tienen intérprete, ¿debe el estudiante pagar por él? De dónde flores si no hay jardín.

—¿Y qué quiere estudiar?

—Psicología —responde de inmediato la intérprete, mientras Alexandra pasa el pulgar derecho por el antebrazo izquierdo. Ojos serios.

—¿Y por qué?

—Me gusta muchísimo. En el colegio, cuando tenía clases de Filosofía, y también en las pruebas del Icfes, me llamaba mucho la atención el pensamiento: cómo las personas oyentes se comunican, cómo expresan el mundo y cómo lo ve cada cual de una manera diferente. También veo que hay personas sordas que necesitan mucha asistencia psicológica y acá no hay una persona que los pueda apoyar. Es fácil con otra persona sorda, ya que se podría comunicar y expresar todos sus sentimientos.

 

Por Iván Bernal Marín
Fotos: Hernán Puentes

Publicado originalmente en la revista SoHo, edición agosto de 2017.
http://www.soho.co/mujeres/galeria/modelos-colombianas-alexandra-borja-miss-deaf-colombia-2015/49760#

 

 

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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