Manuel Hernández, visto por Serrano

Eduardo Serrano

El primer curador de arte de Colombia ha convertido su apartamento en una curiosa galería; donde hay un sonriente Mickey Mouse de barro sodomizando a Minie por siempre, compartiendo espacio con un cóndor fornido y rectangular, un trompo de cobre, una escultura acaracolada que da la impresión de haber sido extraída del neolítico, y un busto enclavado en lo que parecen panes de $200.

“El principal enemigo de la creatividad es el buen gusto”, diría Pablo Picasso para aplacar a los posibles espantados. Cada pared, cada rincón del hogar de Eduardo Serrano, es matizado por otra expresión, otro color, otra forma de fascinación.

Esta exposición permanente organizada por el que llaman “el decano de los curadores” está frente al Museo Nacional de Bogotá, en el sexto piso de una torre que se alza entre mallas verdes y brazos mecánicos, que cumplen varios meses bosquejando la calle 27. La más grande de las obras está en la sala, un lienzo de más de dos metros colgado a espaldas del sofá donde recibe las visitas.

Su tono sombrío, neutral, contrasta con el resto de piezas y adornos, algunos tan alegres como un cacique precolombino con cara de Homero Simpson. En el cuadro aparecen unas figuras nebulosas, indefinidas entre violetas y dorados arenosos, nadando en un fondo gris casi negro; algunas líneas las contornean, y se puede interpretar una especie de “m” o de puño frío. No solo es la más grande en tamaño, también en importancia. Se llama Tres formas, pintura que le regaló en 1992 su amigo el maestro Manuel Hernández Gómez, baluarte del arte abstracto en el país.

“Él es la figura más importante de la abstracción en la segunda parte del siglo XX y lo que lleva del XXI en Colombia”. Serrano tiene un acento costeño y fresco. Nació hace 72 años en Santander, pero desde los 3 meses de edad vivió en Barranquilla, adonde su papá se trasladó luego de comprar una finca bananera.

Es canoso, viste jeans y tenis Nike, y usa gafas de monturas púrpura. Estudió en el colegio Biffi. Tras graduarse de bachiller, vino a Bogotá. Fue muy amigo de Álvaro Cepeda Samudio y Alejandro Obregón, quien le regaló el cuadro del cóndor con una dedicatoria. Sus primeros artículos sobre arte los escribió para el desaparecido Diario del Caribe.

El maestro Hernández tiene 83 años, y sigue produciendo a pesar de los quebrantos de salud. Para comprender la dimensión de la obra de Manuel Hernández, el aporte que ha representado para el abstraccionismo, el curador Serrano se remite a los orígenes de esta corriente en el país puesto que sus precursores e introductores, fueron otros artistas.

El abstraccionismo cubre dos acepciones: “por una parte se refiere a la estilización; a volver las formas de la vida real más abstractas, menos rigurosamente reales, a deformar los objetos de la naturaleza. Por otra parte se refiere a aquellas figuras que salen de la mente del artista, que no parten de la vida real sino que son concepciones intelectuales”.

La abstracción comienza internacionalmente a principios XX, aproximadamente en 1910. Surge a partir de “dos movimientos muy importantes; el cubismo, de Pablo Picasso y Georges Braque, y el fauvismo con el trabajo de Kandinsky”. Si bien estos movimientos siguen siendo representativos del mundo, empiezan a desfigurar las cosas, “a no ser tan realistas”. El fauvismo a través de colores intensos, vibrantes, violentos, y el cubismo a través de la geometrización de la realidad. También jugaron un papel importante los artistas rusos, con los movimientos del constructivismo y el rayonismo, en épocas de la revolución.

El primer pintor importante que aparece en Latinoamérica es el uruguayo Joaquín Torres, que esparce las ideas de abstraccionismo en el sur del continente en los años 40. En esa década también comienza en Colombia, en la obra de Marco Ospina, el primer pintor abstracto del país. “Es un artista muy muy importante. Hizo sus primeros cuadros cubistas en 1943, y solo los mostró en 1947. Eran cuadros que partían de la naturaleza. Veía un paisaje, lo iba esquematizando, deformando, cada vez volviendo más geométrico, hasta que hacía un cuadro completamente abstracto”.

Luego siguieron Eduardo Ramírez Villamizar y Edgard Negret, que eventualmente se convirtieron en escultores. Para el desarrollo del arte abstracto también fue importante la obra de Guillermo Wiedemamm, un alemán que trajo a Colombia influencia del arte europeo. En un principio centró su obra en la raza negra, en las mujeres del Chocó y la zona selvática de esa región, pero al final de su vida se volvió abstracto. Todas estas figuras ya han fallecido.

A partir de 1950 aparece el maestro Manuel Hernández, que comienza como artista figurativo. Incluso, en 1961 se ganó el primer premio en pintura en el XIII Salón Nacional, con el óleo Flores en Blanco y Rojo. En los 60 se vuelve artista abstracto, dando los primeros pasos de lo que pronto sería reconocido en todo el país como “una obra realmente extraordinaria”. Logra crear un lenguaje “muy particular, con unos colores muy específicos, que no se parece a la abstracción de nadie en el mundo”. De acuerdo con el curador Serrano, Hernández trabaja a partir de un lenguaje de signos, con los que ha conformado una especie de alfabeto que le permite expresarse a través de la abstracción.

“A través de esos símbolos él expresa unas cosas que no son visibles en el mundo, pero que son reales. Por ejemplo: suspensión”, dice Serrano, señalando los óvalos o bandas que parecen levitar en el lienzo gris en la sala del apartamento. “Se aproximan unas a otras, se tocan y no se tocan, como que flotan en el espacio, en equilibrio. Su obra tiene un color muy particular, siempre expresa serenidad, calma”.

Luego muestra un catálogo con las principales obras del maestro Hernández. Se ven figuras que parecen neones alumbrando titilantes a lo lejos, hundidas en una bruma de oscuridad. En todas las imágenes es muy evidente la manera como aplica el color, los brochazos decididamente irregulares pero de apariencia suave.

“Ese idioma abstracto que establece tiene unos valores plásticos importantísimos, por el color tan característico y tan de él; por la atmósfera que logra crear; por todo lo que expresa a través de la abstracción, que son verdades del mundo aunque no sean visibles: el movimiento, equilibrio, suspensión. Son verdades del hombre, verdades abstractas, que logra expresarlas en la pintura”. Dichos signos aparecen flotando de diversas maneras, en distintas composiciones de colores contrastantes, luminosos o vaporosos.

Es reconocida también su destreza como dibujante. En algunas obras mezcla dibujos con pintura, y en la mayoría realiza técnicas mixtas que incluyen acrílico y óleo.

Serrano trabajó 20 años como curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá. El primer curador de arte que hubo en el país luego trabajó como crítico de arte de la revista Semana, por 5 años.

Después fue director de asuntos culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, y posteriormente director de artes del Ministerio de Cultura. “Después me pensioné”. Ha escrito 20 libros sobre el arte colombiano. Ahora hace curadurías como freelance, para la Cámara de Comercio, la Alianza Francesa y el Museo Nacional. Precisa que un cuadro de Hernández, como el que cuelga en su sala, está avaluado en unos 100 millones de pesos.

“Los signos de Manuel tienen en el fondo un poquito de geometría, pero son imprecisos. Esa imprecisión de los bordes logra como una bruma, una atmósfera indescifrable, muy bella, que habla de aproximaciones, incluso movimiento. Signos que son la base de su lenguaje abstracto”.

Serrano señala algunas de las diferencias por las cuales el maestro Hernández es considerado el máximo exponente del abstraccionismo en Colombia, por encima de sus predecesores. La obra de los otros fue muy corta en comparación, “ya cuando estaban al final de su vida”.

En cambio Hernández viene trabajando la abstracción ya por más de 40 años, y logró desarrollar su propio lenguaje y ser reconocido.

“Tú ves una obra de él y no lo confundes con nadie más, por más abstracto que sea, tiene su idioma abstracto inconfundible. Eso es muy importante”.

Otro aspecto que marca una escisión respecto a los otros artistas que contribuyeron al desarrollo del abstraccionismo en el país, es que es un abstracto fundamentalmente expresionista, con un carácter preciso. “En el sentido de que no es geométrico; él expresa lo que tiene dentro a través de la pintura. Quizá parte muy lejanamente de una geometría, en cambio todos los demás son artistas geométricos. Donde ya no es la expresión personal de sus sentimientos, emociones, visiones, sino que es una cuestión muy lógica, matemática e intelectual”.

Hernández ahora está haciendo esculturas, conservando los signos que suelen estar presentes en sus etéreas pinturas. Incluso en ellas, mucho más concretas, es “sensual, sensitivo, va a los sentidos. La escultura abstraccionista de Negret y Ramírez es intelectual”.

Es por eso que el experto curador afirma que todos los pintores abstracto que siguieron en las generaciones posteriores a Manuel Hernández están influenciados por él. Con frecuencia se celebran en Bogotá exposiciones con sus obras, así como homenajes. “Al fin y al cabo fue el que abrió el camino. Influenció en todos los artistas que desde entonces hicieron abstracción no geométrica”.

Aparte del perdurable impacto estético que permitió el desarrollo del movimiento en el país, Serrano encuentra otra forma de simplificar la importancia de este artista bogotano: “Además ha ganado muchos premios, muchos”.

Sobre el maestro Hernández

Manuel Hernández estudió en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, en Bogotá, y en la Academia de Bellas Artes de Santiago de Chile. Fue director de la Escuela de Bellas Artes de Ibagué. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Roma, y se especializó en el Art Students League de Nueva York. En 1967 obtuvo mención en el XIX Salón de Artistas Colombianos.

En 1968 recibe una mención de honor en la Bienal Iberoamericana de Pintura.

En 1969 fue declarado fuera de concurso en el XX Salón Nacional. Ganó el concurso público organizado por el Ministerio de Obras Públicas, por lo que realizó en 1981 el mural ‘Signos y Leyes’ para el edificio del Congreso.

 

Por Iván Bernal Marín

Publicado en la revista Dominical
Diario El Heraldo, 5 de junio de 2011
http://www.elheraldo.co/documento/manuel-hernandez-visto-por-serrano-24138

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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