Los mexicanos quieren a Gabo tanto como los cataqueros

GonzaloHijodeGabo

Lo primero que salta a la vista al llegar a Ciudad de México es que no se parece a ninguna ciudad del Caribe, terreno natural donde la obra de Gabriel García Márquez nació, creció y se reprodujo hasta la inmortalidad. Pero algo mágico debe haber allí adentro, entre esas costras de cemento mastodónticas que se extienden en el horizonte hasta donde mires. Es la ciudad que él eligió como hogar, la que se convirtió en su lecho de muerte, y que hoy siente tanto su partida como esa otra población que lo vio nacer hace 87 años, a 2.850 kilómetros de distancia.

Es la cantidad de tierra que hay entre Ciudad de México, el último destino de Gabo, y Aracataca, el pueblo de Magdalena que parió a uno de los más grandes genios de la literatura universal. Así coinciden en describir los críticos al único colombiano que ha sido portada de los principales medios impresos del mundo en tres ocasiones, al menos: por su novela Cien años de soledad, por su premio Nobel de Literatura en 1982, y esta semana por su fallecimiento.

 

Aracataca tiene alrededor de 37.000 habitantes, y grandes casonas entre calles áridas. Allá, sus hermanos de cuna han elevado un clamor por que las cenizas de Gabo descansen en su Casa Museo. El DF, como los locales conocen al Distrito Federal de Ciudad de México, tiene más de 20 millones de pobladores. Es un vasto laberinto de calles, edificios, puentes; aquí y allá se alzan lomas como dumas de verde, que tras de sí dejan paso al gran orden urbanizador. Tan gris como una megabogotá. Por una de sus vías, en una camioneta, un guía turístico recoge el sentir de varios de los que la viven.

 

 

 

“Pues creo que vivió más tiempo de su vida acá en México”, dice Mario García, un tipo de bigote negro y pelo plateado que considera que las cenizas deberían mantenerse en suelo mexicano, por la fuerza del argumento de que fue su última casa. “Ya quisiera ser tan intelectual como él. Quede limitado de creatividad”, aclara sobre la posibilidad del parentesco que insinúan los apellidos.

 

Quizá no todo el DF esté de acuerdo con él, pero por pura proporción entre las poblaciones, probablemente sí haya más mexicanos pidiendo que Gabo descanse con ellos, que cataqueros.

 

“En tono de broma, he escuchado a gente que dice que García Márquez es el más grande escritor mexicano nacido en Colombia”, dice el periodista mexicano y alumno de la FNPI, Jorge Abraham, máster de la Universidad Autónoma de Madrid que considera a Gabo “un costeño universal”. Afirma que le tendría sin cuidado lo de la repartición de sus cenizas, pues lo más importante es su testamento literario, y que al hablar de una pequeña aldea sus libros lograran convertirse en la voz de toda América Latina. “Fuera de eso, la muerte de Gabo fue muy sentida. Supongo que habrá música en su homenaje el lunes”. Para darle fuerza a su punto, cita un titular de la portada de un periódico popular cuya foto se hizo viral en las redes sociales. “Qué puta tristeza, pues eso”, dice.

 

“Llegaron poquísimos lectores”, añade con pesar la periodista mexicana Alice Pippitone, de Enfoque Noticias, que ha estado montando guardia en la funeraria y luego en la casa del Nobel. “En gran parte porque era puente (Semana Santa), porque esta ciudad es una locura pero también porque somos un país en su mayoría de gente que no lee”.

 

Aunque como dice la licenciada en economía mexicana Natalia Maldonado, Gabo casi había alcanzado el estatus de celebridad más allá de la literatura. “Se tomaba muy en cuenta su opinión. No sé si la mayoría de gente lo había leído, pero la gente está muy triste, era una figura muy reconocida”. Ella, de 34 años, aún recuerda cuando leyó El amor en los tiempos del cólera y Noticia de un secuestro, sus preferidos. Y confirma que hay un sentir, un clamor, en torno a la muerte del Nobel adoptado.

 

“Para los mexicanos la muerte es muy importante. Hacemos rituales para ayudar a trascender a nuestros seres queridos. La decisión ha sido como pasada, que no lo hayan velado y solo vayan a hacer un homenaje. Aquí durante todo un año, cada mes, hacemos conmemoraciones. Y un festejo en el aniversario”. Dice que el país está muy triste por la partida del costeño autor de 66 novelas, sobre todo porque se suma a las muertes recientes de escritores de la misma generación, como José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes. “La comunidad ha sentido las ausencias”. Sin embargo, como la mayoría, afirma que se debe respetar la última voluntad de Gabo y los deseos de sus familiares, “es más que una decisión entre naciones”.

 

En polvo eres y en polvo de convertirás, aunque después los que te amen se queden discutiendo donde descansarás. La solución más salomónica estaría en un chiste que toma fuerza: lanzarlo en un cohete y que los restos de Gabo se esparzan en toda la tierra, como ya lo hicieron sus letras.

 

POR:

IVAN BERNAL MARÍN
Enviado especial
Diario El Heraldo
Artículo publicado el domingo 20 de abril de 2014.

http://www.elheraldo.co/local/los-mexicanos-quieren-gabo-tanto-como-los-cataqueros-149884

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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