La Voz Colombia y Vives, ¿un caso de éxito empresarial?

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Un reality es la fórmula más efectiva para relanzar una carrera musical que naufragó en el mar de los nuevos géneros; más que aliarse con marcas. Pero ¿Hasta qué punto la expresión artística es invadida por el marketing y el análisis de tendencias de consumo?

Lanza una canción, se anuncia su participación en un programa de TV, perfiles suyos aparecen en revistas y secciones de farándula y entretenimiento, la canción es un hit, se aseguran conciertos.

 

Es un circulo virtuoso bien calculado, no una amable coincidencia. Es como deben funcionar las cosas, en una industria musical que trata de aferrarse a cualquier medio para sobrevivir en el reino de la gratuidad y el bombardeo de artistas internacionales por internet.

 

El renovado éxito del embajador del vallenato en el mundo, y precursor de su vertiente pop, deja una lección. El caso Vives demuestra que los realities son el mejor salvavidas para los artistas que estaban en la tierra del olvido. Y también para sacar a flote a otros que estaba hundidos en el abismo del anonimato. Además de ser comodines de rating para los canales nacionales.

 

Los realities son una plataforma eficaz para despegar la carrera musical de artistas. Una afirmación que pisa los terrenos de perogrullada. Ejemplos hay por montones en todo el mundo. De la mano viene la preocupación de que estos componentes de difusión y mercadeo, que deberían estar en un segundo plano, terminen invadiendo la expresión artística; pervirtiendo la legitimidad creativa, convirtiendo la música en una especie de Frankestein encantador, creado con la única intención de complacer masas y vender lo más posible. Una preocupación que pisa los terrenos de perogrullada.

 

No es una fórmula garantizada. El producto, la canción, tiene que ser al menos pegajosa. El nuevo sencillo de Vives, ‘Volví a nacer’, cumple con ese criterio básico. Por los días en que se lanzaba un nuevo programa concurso de Caracol TV con elementos de reality, La Voz Colombia, y se anunciaba la participación del samario como jurado, su más reciente producción debutaba como número uno en la lista Billboard.

 

Con un sonido que no arriesga, ni ofrece nada nuevo musicalmente. Tan solo exprime los frutos de su propio legado. A Vives se le puede atribuir el big bang del vallenato en el mundo; fue como el gran divulgador de una rica tradición rural, y el primero en añadirle giros pop y rock que le permitieron irrigar a la masa urbana. Ha influenciado a tantas generaciones de músicos, que se le podría incluso responsabilizar de ser el ancestro del tropipop.

 

Lo que ya funcionó, puede volver a hacerlo. Sobre todo si dice lo que muchos quieren escuchar. ‘Volví a nacer’ es una canción efectista, diseñada para proponer matrimonio en términos profundamente simples. ”Quiero.. casarme contigo”, es un coro que con seguridad sonará en las bodas de miles, acompañado de rimas drásticamente obvias como ”Quiero ser tu fiel chofér mujer”, en estribillos que rayan en lo ’arjonesco’. Es demasiado amplio el rango de enamoradas que se conmoverán frente a esas palabras, que les quisieran ver pronunciar a sus parejas. (También será la favorita de las amantes de la gasolina’)

 

Es curioso que el artista ya no tiene a quién proponerle matrimonio, pero sus seguidores sí. ¿Dónde están ahora esas jovencitas que brincaron bailando el caballito, que se enamoraron al ritmo de ‘Que diera’ y ‘Fruta fresca’? No es descabellado imaginar que a estas alturas estén esperando que les dediquen matrimonio. No es descabellado imaginar que, previo al lanzamiento de esta canción, se calculó con cuidado el público objetivo.

 

Válido, por supuesto. Es muy meritorio el ingenio mercantil. Eran otros tiempos en los que la inspiración para componer y cantar provenía de vivencias, emociones o reflexiones íntimas, personales. Cuando la música no estaba hecha con la intención de tocar sensibilidades, sino que expresaba unas sensibilidades reales que conectaban con muchos. Quizá esta crítica es muy descarnada, y Vives realmente estaba añorando los momentos más floridos de su enamoramiento pre-marital.

 

Falta escuchar el álbum completo para comprobar qué tan precisas son estas elucubraciones especulativas. Valga reconocer que si la única directriz a la hora de grabar hubiera sido vender, y ‘pegarle’ al mayor público posible, habría cantado algo como: “Quiero.. ganarme el baloto”.

 

Esta crítica apunta a recalcar esa potencia (artificiosa) que recibe una canción y un artista gracias a la plataforma de un reality, más allá de la belleza y el talento propio.

 

La creatividad y la expresión son las principales víctimas en las estrategias de marketing musical. Y la sacrificada es la calidad.

 

Independiente de consideraciones de corte musical, el de Vives y La Voz Colombia resulta ser un caso de éxito empresarial, un ejemplo para muchos sobre cómo regresar a reclamar relevancia en el mundo del espectáculo. En ese trampolín también están subidos Ricardo Montaner y Andrés Cepeda. Alguién dirá que se han mantenido vigentes, siempre produciendo álbumes. Pero que hayan seguido trabajando, no implica que hayan vuelto a experimentar la popularidad y fama que habían alcanzado en los momentos cumbre de sus carreras. Casos parecidos: Jennifer López, Marc Anthony, Juan Carlos Coronel, Marbelle… etc.

 

Lamentablemente para los artistas, no hay tantos cupos ni suficientes realities para tanta gente. Por eso, muchos recurren a otras fórmulas que han demostrado ser menos eficientes, y que propician situaciones tristes. Otro puente entre la esfera musical y la empresarial.

 

Aliarse con marcas de almacenes, o productos, es una estrategia para vender discos de dudoso éxito. Varios lo han intentado, el mismo Vives con su Clásicos de la Provincia Volumen 2 y el Éxito. En esa ocasión, también lo entrevistaron, también aparecieron perfiles en los medios, también lo pusieron a sonar las principales cadenas de radio al fondo de su emisión de noticias. Pero la acogida fue fugaz, y disco y artista se perdieron en la irrelevancia tan pronto como aparecieron.

 

¿A qué se le puede atribuir? Aventuro que, a ojos del público, no es un mensaje sano que una producción discográfica se ofrezca como una especie de ‘ñapa’ barata. Como ese paquete de galletas de soda que le ‘enciman’ a las gaseosas dos litros, o esa crema dental que le pegan a un lado al shampoo, y que uno sospecha que la dan a bajo precio porque está a punto de vencer. Pero igual la compra.

 

Antes de acumular y redimir puntos para comprar un CD en $5.000, preferible ver a los artistas en programas como La Voz Colombia. O es que, ¿qué tiene que ver Juanes con una salsa de tomate, como para que su unplugged se ofrezca con sus avisos?  Quizá lo único sea que el director de Fruko y sus Tesos también es paisa.

 

Estas consideraciones trascienden la emotividad que puedan despertar las canciones de Vives o Juanes. Al que le gustan, le gustan y nada más le importa. Al que no le gustan y tiene un blog, escribe una entrada. Sin embargo, considero que hay una verdad subyacente: es una gran derrota para la música, que el componente esencial en la estrategia de promoción de un artista no sea su misma música.

IBM

(Publicado originalmente en el blog NegOcio del diario La República el  lunes 8 de octubre de 2012)

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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