Que Jiménez publique los textos mal escritos

Nadie conoce los párrafos mal escritos que sirvieron de ‘Florero de Llorente’ para que Camilo Jiménez renunciara a su cátedra en la Javeriana. Solo él, y sus alumnos. En esas letras hay una clave necesaria para descifrar el debate que se ha suscitado, porque hasta ahora, profesor y estudiantes han intercambiado turnos para lavarse las manos.

Llamo ‘Florero de Llorente’ a los discutidos párrafos porque es lo que parecen: un símbolo, la excusa principal entre un río de argumentos, que desembocan en un mar de auto justificación.

Jiménez dice que, en cuatro meses, 25 estudiantes fueron incapaces de resumir un texto en un párrafo sin “errores vistosos”. Y no solo en cuanto a criterios primordiales de ortografía y sintaxis, sino a otros más susceptibles de discusión, en los que queda menos clara la noción de vistoso, como economía y pertinencia.

 

Entre la oleada de cartas públicas que ha recibido Jiménez, El Tiempo publicó una firmada por Victoria Tobar. Se trata de una estudiante veinteañera de la Universidad Javeriana. No sé si los papás le ayudaron a redactar los 11 párrafos que componen la carta, pero están bastante libres de errores de ortografía y sintaxis. Hay que ver si el exprofesor considera que son demasiados, o que les sobran muchas ideas que no son pertinentes para sostener el punto.

 

Como bien lo dice Tobar, está yendo a la Universidad a aprender, no a demostrar que sabe.

 

Sin embargo, como motivo definitivo para renunciar, Jiménez reconoce su propia incapacidad de comunicarse con los que llama “nativos digitales”, veinteañeros como Tobar. Los describe como apáticos, sin curiosidad ni espíritu crítico, con la atención perdida en lo insignificante, pendientes solo de sus amigos en Facebook y sus seguidores en Twitter, incapaces de hilvanar frases con vida. Y que en su opinión son así porque no conocen la soledad ni la introspección.

 

Lo resumo en una frase: renuncio porque no les pude enseñar a mi estudiantes, pero porque ellos son incapaces de concentrarse. Más que una renuncia, es una crítica a la poca disposición de aprendizaje. Algo como que Internet se les comió las neuronas.

 

Camilo Jiménez señala que el problema de base en la educación es general: no se les enseña a leer a los estudiantes, y son incapaces de realizar una lectura atenta.

 

El único lugar donde se hace lectura atenta hoy en día es en el baño. Las ideas no pueden surgir única y exclusivamente del silencio, ante la naturaleza hipertextual de la vida actual.

 

No es solo por los celulares, o por las múltiples ventanas desplegadas. Está revaluado el concepto de exclusividad, y hay periodistas que escriben para diversas publicaciones impresas y digitales simultáneamente. Además dedican espacio a actualizar blogs personales y mantener una presencia como actores de opinión en las redes sociales. Y a los periodistas vinculados a medios tradicionales se les pide actualizar la web, realizar videos y preparar informes para el fin de semana. Todo como parte de sus funciones.

 

Pero en realidad no es algo nuevo. El silencio y la pausa no es un privilegio para los que deben cubrir guerras. Y sin irnos tan lejos, ¿cómo cree que hacen los periodistas que escriben crónicas del carnaval para, digamos, EL HERALDO?

 

El periodista no puede rehuir al fragor, como lo llamaba Miguel Ángel Bastenier, uno de los profesores que he tenido. Así ese fragor provenga de miles de pantallas. No creo que se hayan perdido las preguntas y reflexiones como sugiere Jiménez; se mantienen vivas, pero sobre una autopista que va a toda velocidad

 

Parece un gesto de sinceridad reconocer una insalvable brecha generacional. Sin embargo no es un argumento para atribuirles a los jóvenes el contagio con un virus de “lectura desatenta”.

Tras leer a Jiménez queda la sensación de que estamos ante una generación perdida, que todo tiempo pasado fue mejor. Cosas que de seguro escuchó él, como las escuchó antes Gabo, y así.

Esa visión nostálgica rehúye al reto de descubrir el valor del presente, de desentrañar la utilidad de las herramientas de hoy. Siempre han existido posturas así, románticas y dedicadas a exaltar el pasado. Dificultan la aceptación del momento actual, y el reconocimiento de la trascendencia que lo nuevo podrá cobrar en algunos años.

 

Creo que esa es uno de los ejes del debate, más allá de la crítica a la educación. La distancia insalvable entre los románticos y los que están a la vanguardia de la comunicación. Ven el mundo de formas incompatibles. Por eso se produce una evidente desconexión entre los lenguajes de enseñanza del profesor, y aprendizaje de los estudiantes.

Claro, algunas cadenas de Blackberry solo sirven para burlarse del profesor en clase. Pero otras herramientas de la llamada Web 2.0 son un espacio idóneo para enterarse de noticias, comentar textos, ejercer el músculo crítico.

 

Por ejemplo: tanto la comunidad académica como periodística nacional le agradeceríamos mucho la publicación de los párrafos de la discusión y los textos a resumir. Así quizá todo este debate termine convertido en una gran lección de redacción, sobre cómo se deben observar las normas al momento de escribir una reseña.

También podremos así conocer cuánta razón tienen los estudiantes en sus defensas. ¿Era un párrafo imposible? ¿Eran muy vistosos sus errores? ¿Parecían zombies? ¿Era evidentemente mejor otro método?

 

Es que si la meta era transmitirles el poder de síntesis, o tratar de inculcarles las nociones de pertinencia, claridad y economía del lenguaje al momento de redactar, ¿qué mejor amigo que Twitter?

Imagine cualquier dinámica sencilla, con cadenas por Blackberry o listados o grupos. En esta red social los usuarios tienen que expresar ideas completas resumidas en 140 caracteres, que den información relevante con total claridad.

Como esta: Hago un llamado público: que Camilo Jiménez publique los párrafos mal escritos por los estudiantes de la Javeriana que motivaron su renuncia.

 

 

Por Iván Bernal Marín

Publicado originalmente en el diario El Heraldo el lunes 19 de diciembre de 2011
http://www.elheraldo.co/tendencias/que-jim-nez-publique-los-textos-mal-escritos-50129

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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