Así fue el adios a Facundo Cabral

El legado de un artista como Facundo Cabral, su música, es a prueba de balas. Perdurará hasta cuando el episodio de su trágica muerte no sea más que un pequeño recuerdo, desvanecido en el oceano de su obra. La eterna llama de ese legado fue encendida en su despedida por miles de personas, cuyas  vidas fueron tocadas por sus palabras. Así lo retrató el cronista colombiano Óscar López, radicado en Buenos Aires. IBM

“Si esta es la última vez que subo al escenario, pinten el cajón de rojo y celebren porque mi vida fue una fiesta”. Estas fueron las últimas palabras del trovador Facundo Cabral al finalizar su presentación en suelo bonarense a principio de este año. Y paradójicamente sus restos, que llegaron ayer por la mañana desde Guatemala, regresaron al teatro ND Ateneo para que sus seguidores le dieran el último adiós hasta las 10:30 de la mañana de hoy; cuando partirá hacia el cementerio Jardín de Paz, según el comunicado expedido por los familiares del cantautor.

Buenos Aires no amaneció tan fría, más allá de los vellos erizados y las pieles heladas de los cientos de seguidores que hacían fila para entrar y acercarse al féretro— que no estaba pintado de rojo— y cerciorarse de la cruda realidad mencionada en todos los medios de comunicación: que Facundo, su cuerpo, yacía dentro del ataúd cubierto con dos grandes nubes celestes, las banderas de la Argentina y de las Naciones Unidas.

Ya hizo un ‘milagro’. Mientras los miembros de seguridad del teatro vestidos de negro, con saco y corbata, guiaban a los periodistas locales y extranjeros que llegaron en masa para cubrir el adiós de Facundo, Inés Prado, una septuagenaria seguidora, salía con sus ojos ‘aguados’ y rojizos, que secaba sin prisa, mirando al techo infinito de lo indescifrable como su trágica muerte: “Terrible, me tomó tan de sorpresa que no podía creer lo que le habían hecho”.

Con voz pausada acentuaba su reclamo ante los periodistas y los curiosos que se le acercaban, y de nuevo al cielo recordándolo, homenajeándolo, le endilgaba un milagro: “Escuchar a Facundo era escuchar a un Dios, anoche (lunes) cuando veía el partido (Argentina vs Costa Rica) le pedí: Faco, mandá un golcito, poné un poquito de alegría a los argentinos, y cuando puso el gol quedé estupefacta”.

Se persignó no sin antes parafrasear al cantautor para exigir justicia: “Estoy sentada en la puerta de mi casa viendo pasar el cadáver de mi enemigo. Es lo único que digo y vas a ver que se cumple… para el que sea”, puntualizó acelerando su caminar.

Corona de Julio Iglesias. Adentro del teatro convertido en funeraria con ocho coronas de flores, entre rosas y claveles, enviadas por la Secretaría de Cultura de la ciudad, el mismo recinto que hizo gala de sus presentaciones, también sobresalían otras coronas firmadas por la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner y Julio Iglesias mientras que desde el fondo del recinto las bocinas de un parlante oscuro dejaba sonar las notas de una guitarra que nunca sonó más reflexiva, más melancólica, más visceral.

Esa que acompañaba la voz de Facundo con el siempre clásico ‘No soy de aquí ni soy de allá’, que permitió ver en los rostros de los visitantes, que entraban en grupos de a doce personas entre frías vallas metálicas que trazaban el camino, lágrimas que en esta ocasión bajaban lenta y silenciosamente.

A los pies del féretro, se erigía un raído vinilo de Facundo Cabral entre el paisaje lúgubre de flores puestas o lanzadas por los visitantes que iban y venían. El vinilo tenía un mensaje firmado con un marcador negro en el que podía leerse “para el ciruja más grande del mundo, con amor Fernando Celenca”. La dedicatoria es de un joven de 29 años que no llora por la trágica partida de su ídolo.

“Lo que más me emociona hoy es que le traje un vinilo, de mi colección que tengo de él, y pude colocarlo debajo del féretro que sólo tenía flores, porque creo que lo mejor que nos dejó son sus canciones y su poesía, sus mensajes. No estoy triste porque él vivió como Jesús, de paso por ésta tierra, y como todos debemos vivirla sin estar tan preocupados en el futuro o si nos va a pasar algo por la inseguridad él no se preocupó. Le pasó esto a él, era el destino”, dice el estudiante de docencia para niños.

A la morada final. La ceguera de las balas asesinas se llevaron a un trovador recordado por el continente entero, y que hoy muchos de sus dolientes  acompañarán en un cortejo fúnebre que saldrá desde las 10:30 de la mañana hacia su última morada.

Facundo Cabral, quien en otros de sus clásicos Entre pobres permite rescatar su herencia musical y mantenerlo con vida siempre: “No pierdo tiempo en cuidarme la vida es bello peligro, del peligro del amor mi madre tuvo tres hijos, si ella se hubiese cuidado de mi padre y su fervor, a la reunión de esta noche le faltaría un cantor”.

 

Por Óscar López Lobo,
Especial para EL HERALDO desde Buenos Aires.

http://www.elheraldo.co/tendencias/argentina-recuerda-y-llora-al-trovador-facundo-cabral-29160

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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