Gustavo Bolívar: sin indignación no hay paraíso

Escribió Sin tetas no hay paraíso, El capo, Pandillas, guerra y paz, y los más recientes capítulos de protestas nacionales contra la corrupción. Gustavo Bolívar está escribiendo en tiempo real una historia de indignación, que están protagonizando miles de colombianos.

En tres meses creó el movimiento Manos Limpias, y estuvo detrás de la Marcha de los Antifaces y de la Corzotón: colecta simbólica para ayudarle a Juan Manuel Corzo, presidente del Senado, luego de que dijera que el sueldo de $16 millones no le alcanzaba para la gasolina de sus 2 camionetas. Este adalid de la indignación le contó a EL HERALDO las motivaciones y alcances de su causa colectiva, y explicó por qué cree que las marchas y manifestaciones pueden cambiar el panorama político y social.

¿Cómo surge esta cruzada?

Hace mucho tiempo, cuando me convertí en asistente personal de Enrique Parejo González, exministro de Justicia y luchador incansable contra el narcotráfico. Veníamos del galanismo. He tratado de seguir su legado, y en 2002 publiqué el libro Así se roban las elecciones en Colombia. Una investigación de fraude electoral. Me desanimé mucho porque presenté pruebas pero el Consejo de Estado y la Fiscalía nunca dijeron nada. Me había enfriado hasta que aparecieron las redes sociales. Una tribuna sin filtros para decir lo que siento.

Estaba ‘trinando’ una noche sobre los entuertos descubiertos en la Dian cuando una estudiante me dijo que yo no hacía sino quejarme y criticar pero nunca hacía nada. Ese es el regaño que me tiene ahora metido de cabeza en este movimiento. Me llegó al alma. Lo consideré cierto y justo, hace mucho quería hacer cosas, pero no encontraba el detonante. Ese fue.

¿Por qué hacer esto, siendo tan exitoso como escritor y libretista?

Creo que mi profesión tiene mucho que ver. En mis investigaciones he descubierto que Colombia es un país inviable si sigue en manos de los corruptos. Pero llevo en el alma la revolución. Si hubiese sido arquitecto, taxista o vendedor, como fui en el pasado, igual estaría atento a ayudar a cualquier causa social.

¿Qué buscaba la Marcha de los Antifaces?

Hemos considerado tres etapas para hacer una revolución pacífica. Estamos en la primera: concientización. Poniendo sobre el tapete los problemas que existen en Colombia para que la gente los asimile, los refresque, los meta en su memoria. Con esto pensamos lograr la segunda etapa, que es la de indignación real: que la gente sienta rabia en su corazón y la capitalice, para entrar a la tercera fase que es la de los cambios. Los hechos. Los referendos, las movilizaciones, los actos pacíficos de resistencia civil que debamos emprender para lograr la depuración de las costumbres políticas.

¿Y la Corzotón?

Fue un acto de oportunismo para poner de presente problemas más graves de fondo que tiene el Congreso. La presentación de los proyectos de inmunidad parlamentaria; la ley de rebaja de penas; la desaparición del enlace donde los colombianos podíamos conocer la asistencia de los congresistas; el hecho de que 155 estén investigados y 57 estén presos; sus privilegios y, por sobre todo, los altos costos que representan para el Estado, con miras a proponer en un futuro muy cercano un congreso unicameral de 100 miembros.

¿Cuál cree que es el camino, si la política está corrompida?

Un proyecto educativo de largo plazo que nos entregue en 20 o 30 años una nueva generación de colombianos educados en el respeto por el bien ajeno y la vida. Los que estamos hoy no vamos a ver ese cambio. Lo que hacemos son paños de agua tibia frente a lo que hay que hacer. Desde luego, un proyecto educativo gratuito, con calidad y cobertura solo lo puede lograr un buen gobierno que aplique la lógica: menos gasto militar, más gasto en educación. Si educamos a nuestra gente, en pocos años vamos a tener que perseguir menos, encarcelar menos, defendernos menos.

¿Hasta dónde quiere llevar su movimiento?

Si a mediano plazo logramos achicar el Congreso a través de un referendo, podremos decir que vamos en buen camino. A largo plazo: un país digno, justo y con niveles de corrupción mínimos.

¿Cuál es el siguiente paso?

Las elecciones del 30 de octubre. Vamos a poner en evidencia el fraude electoral. Que la gente sepa que nunca ha habido elecciones limpias en Colombia.

¿Está dedicado de lleno al activismo?

El deseo de hacer revolución pacífica me agarró en el momento más congestionado de mi vida profesional. Escribiendo El capo 2, investigando Los 3 Caínes (la historia de los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño) y terminando mi nueva novela literaria El puente de los suspiros. Con las tres cosas he tenido problemas de entrega, pero he contado con la suerte de tener al frente a personas que me demuestran su amistad comprendiendo mi compromiso con Colombia.

¿Busca recrear movimientos como los indignados de España?

En eso estamos. Allá ha sido más fácil porque el desempleo creció y los bancos están echando a la calle a la gente que no paga sus hipotecas. La crisis económica es el combustible de cualquier ola de indignación. Aquí no hay crisis evidente que nos haga tocar fondo, y esa sensación falsa de bienestar es la que impide que la gente se indigne más.

¿Qué opina usted de quienes critican las marchas en Colombia por ser esporádicas y no tener mayor efecto?

A los críticos de las marchas solo les digo que en todo caso, en cualquier escenario, es muchísimo mejor hacerlas que no hacerlas. La Corzotón es un buen ejemplo. Si no la anunciamos, si no ponemos a Corzo contra las cuerdas, seguro que el Senador no hubiera salido a pedir perdón y a decir que rechazaba el auxilio de la gasolina.

¿Cree que las marchas sí sirven para algo?

Toda movilización sirve mientras se haga en orden y de manera pacífica. Los organizadores de cualquier marcha ilustran los problemas porque nadie convoca a algo sin la debida investigación del tema. Esto ayuda a que el país madure políticamente.

¿Sus series no perpetran la mentalidad violenta e ilegal en el país?

Ese debate se está dando. Yo solo digo que los escritores somos los contadores de las historias que nos tocó vivir en nuestro tiempo. Es un trabajo que valorarán los niños del año 2050 cuando pregunten a sus padres por lo que pasaba en su país a principios de siglo. En 1948, cuando ‘El Bogotazo’, y en los años siguientes de ‘la violencia’, no existía la televisión. Y han sido los años más críticos para la violación de derechos humanos y la sevicia para asesinar. En todo caso, la verdad no se puede ocultar.

¿Es entonces irresponsable no escribir de violencia en un país violento?

Totalmente. Peor sería callarnos y no decir nada. Seguir escribiendo otros 50 años la historia de la empleada del servicio que termina casada con el hijo del dueño de la hacienda y dueña de la fortuna de un padre rico que la abandonó cuando niña.

¿Estudiar a los narcos le llevó a comprender que hay otros problemas de raíz?

Precisamente, la corrupción. Nos dormimos 30 años en el tema de los narcos y la violencia sin prestar atención a los problemas graves de corrupción, que en últimas son los causantes de que haya violencia. La corrupción es la madre de todos nuestros problemas. Cuando los corruptos se roban la plata de un municipio o un departamento están quitando a los niños de esos lugares la posibilidad de educarse y ser alguien en la vida.

¿Cómo se sueña el país?

Un país libre. Un electorado consciente, independiente. Un país incluyente que avance como nación hacia objetivos diferentes a la Selección Colombia, lo único que nos hace olvidar la polarización tan terrible que vivimos. Unirnos en proyectos como la defensa de la educación y la lucha contra la corrupción por encima de partidos y políticos.

El poder juega a dividirnos, y nosotros caemos en ese juego mientras ellos se reparten el erario, eso sí, muy unidos sin importar de dónde vengan, como sucedió en Bogotá, donde liberales, del Polo, organismos de control, sector privado y concejales de la U y los verdes se confabularon para estafar a la ciudad.

 

Por Iván Bernal Marín

Publicado originalmente en la revista Latitud, del diario El Heraldo

http://www.elheraldo.co/latitud/gustavo-bol-var-sin-indignaci-n-no-hay-para-so-40931

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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2 respuestas a Gustavo Bolívar: sin indignación no hay paraíso

  1. Óscar López dijo:

    Más que preciso y justo a la llaga, un gran planteamiento: “Un país libre. Un electorado consciente, independiente. Un país incluyente que avance como nación hacia objetivos diferentes a la Selección Colombia, lo único que nos hace olvidar la polarización tan terrible que vivimos. Unirnos en proyectos como la defensa de la educación y la lucha contra la corrupción por encima de partidos y políticos”. Por cierto, muy buena entrevista!

    • ivanbernalmarin dijo:

      Gracias compañero…. lamentablemente, como tú bien adviertes, algunas manifestaciones ciudadanas terminan siendo apropiadas por medios de comunicación que las convierten en caja de resonancia de sus intereses. Pero como ves, en muchos casos es una causa que tiene un origen ciudadano noble y justificado.

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