El Heraldo, #82AñosDeHistorias

El anterior trabajo audiovisual, realizado por César García, retrata a unos personajes que son tan importantes como los periodistas a la hora de hacer un periódico impreso. Es una mirada a otros trabajadores de la información, literalmente unos maquinistas, que suelen moverse entre las sombras. Como puede verse, han tejido sus vidas en torno a ese papel cargado de noticias, crónicas y reportajes que desde hace 82 años recorre las calles de la Región Caribe cada mañana.

Para que pueda ser posible también deben intervenir los voceadores, figuras que siguen pedaleando aunque las nuevas tecnologías tienden a replantear su oficio. El siguiente trabajo, de Jossie Esteban Rojano, recoge la cotidianidad del más viejo de El Heraldo.

A continuación podrán encontrar, además, dos historias de las muchas que se han escrito desde la fundación del diario barranquillero reconocido como el líder de la Costa, y que formaron parte del especial para conmemorar su aniversario en 2015. Las escribieron Carlos Polo y Álvaro Pión:

Los secretos de la rotativa

Exael ‘el Pibe’ Angulo, coordinador de la rotativa, frente a la consola principal. 

Exael ‘el Pibe’ Angulo, con unos enormes protectores auditivos enredados sobre su cabellera ensortijada, concentrado frente a la consola principal desde donde dirige la sinfonía que sale de las enormes máquinas que producen un sonido ensordecedor, no estaba mezclando, precisamente, las candencias experimentales de un rock industrial o la extraña melodía parida desde las entrañas de la inquieta y particular estética de Tom Waits.

En medio del monótono y atronador zumbido de la rotativa Goss Urbanite de EL HERALDO y desde el cerebro electrónico de esta potente máquina, que cada noche a toda velocidad llega a imprimir 50.000 ejemplares por hora, Angulo en realidad mezclaba agua, tintas y colores que dan como resultado el periódico que, todos los días de la semana, un ‘ejército’ motorizado hace llegar en las madrugadas a los hogares de la región Caribe.

‘El Pibe’ ha dedicado 37 de sus 58 años a este cuarto de máquinas donde sucede el ‘milagro’ de la reproducción de las noticias. Con su experiencia, explica con detenimiento cómo es que la reportería de periodistas y fotógrafos, las ideas y el trabajo diario de editores y diseñadores se convierte en el producto informativo –de 53 x 27 centímetros o tamaño universal como se le conoce a este formato en el mundo editorial– que desde el 28 de octubre de 1933, hace hoy 82 años, llega de manera ininterrumpida a los hogares costeños.

De redacción al CTP. Manejando su propio ritual para las mezclas, el coordinador de rotativa acelera y desacelera los motores para que las enormes poleas que truenan, en un compás milimétrico, prensen y plasmen los hechos noticiosos más relevantes del día. El proceso –dice Angulo– comienza en la Redacción Central y cuando están terminadas y revisadas las páginas, son enviadas, en un archivo en PDF, al Computer To Plate o CTP donde procesan las planchas y estas pasan a la máquina rotativa que “saca el periódico que vamos revisando para que no lleve errores de impresión”.

De ahí pasa a empaque y despacho para enviarlo a la calle.

Visto de esta manera parece sencillo. Pero hay que conocer el complejo proceso para entender que es una composición extraordinaria de precisión, modernos software, enormes máquinas y un grupo humano que labora  desde las 7 de la noche hasta bien entrada la madrugada.

Cada 10 minutos el ‘grito’ prolongado de un timbre ensordecedor anuncia la parada de las máquinas y los 9 obreros, ataviados con botas industriales, gruesos overoles azules, tapabocas y también con protectores auditivos aprovechan para hacer chanzas entre sí, leer por anticipado el periódico o simplemente tomar una ligera merienda. Minutos después de corregir alguna falla o cambiar algún rollo que está por terminarse, Exael Angulo vuelve a ponerse frente a la enorme consola para que el ‘baile’ vuelva a comenzar.

Las notas corregidas pasan al CTP. Del computador a la plancha. 

La producción. A las 9:30 de la noche, por lo general, la frenética actividad de las máquinas ya está en funcionamiento. De EL HERALDO lo primero que sale para impresión es la edición regional. Después de preparar las noticias de última hora, se imprime la edición local que debe estar lista, en el mejor de los escenarios, antes de medianoche.

La rotativa cuenta con 13 unidades de impresión, explica Federico Ospino, jefe de producción. “Las planchas son en aluminio. Se envuelven en la máquina y allí la plancha recibe la tinta y el agua para transferir la imagen al papel”, detalla.

Para preparar cada impresión, primero el papel entra al alimentador, de allí pasa a la unidad impresora que consta de cilindros y la plancha recibe el agua y tinta; luego va a la siguiente unidad de impresión. Para la impresión se usan cian, magenta, amarillo y negro.

“La tercera unidad lleva tres colores y por último recibe el negro. Todos se encuentran en la máquina plegadora donde se reúnen los pliegos de impresión y esta se encarga del cortado y el plegado; de allí salen las páginas para el área de despacho en la polea. La impresión de EL HERALDO se termina a las 2:30 de la mañana”, subraya Ospino.

La mayor impresión. Hace 33 años Alfredo Freile ingresó a laborar recogiendo periódicos para armarlos. Con el tiempo fue promovido a la máquina de impresión. Recuerda que durante todos estos  años una de las noticias que más impacto generó entre los lectores fue el asesinato del cantante vallenato Rafael Orozco. El homicidio, en la puerta de su casa al norte de Barranquilla, ocurrió la noche del 11 de junio de 1992.

“En ese tiempo se imprimían unos 75 mil ejemplares diarios y fue tanto el trabajo que lo hicimos hasta las 2 de la tarde del día siguiente. Esa vez se imprimieron como 115.000 ejemplares”, recuerda.

En las semanas siguientes la impresión día a día fue igual de elevada porque EL HERALDO era buscado no solo en cada departamento de la Costa para conocer en qué iba la investigación, sino en ciudades venezolanas como Maracaibo y Caracas, la, donde vivían miles de costeños seguidores de Rafa Orozco y su agrupación el Binomio de Oro.

Con orgullo, dice que la rotativa es el corazón del periódico, el alma misma del engranaje complejo y sincronizado que ha avanzado tecnológicamente: “Uno aquí lleva tantos años que ya termina conociendo la máquina hasta más que la propia mujer. Uno sabe cuando algo está raro o no está funcionando y sabe lo que hay que hacer para superarlo”.

Agrega Freile que una de las cosas que más lo enorgullecen es haber tenido la oportunidad de conocer y tratar con periodistas de gran trayectoria y valía como Fabio Poveda y Ernesto McCausland. “Me siento orgulloso de pertenecer a la familia EL HERALDO porque el periódico me ha dado todo lo que tengo y porque su nombre es lo mismo que credibilidad”, asevera.

 

Área de logística. En un cuarto ubicado a un lado de la rotativa, 8 operadores, entre mujeres y hombres, reciben los periódicos que salen de las entrañas de la Goss Urbanite. Los ejemplares dan un breve paseo por una banda transportadora aérea hasta bajar a una enorme máquina contadora que los organiza en paquetes de a 50 ejemplares.

Van cayendo según está previamente establecida en la operación y de acuerdo a los pedidos recibidos. Los operadores los rotulan, luego pasan por la ensunchadora y de allí al distribuidor, quien los organiza para entregarlos al despachador que verifica las cantidades que corresponden a cada mayorista, explica Flavio Tamasco, coordinador del área de logística.

Los primeros periódicos que se envían son los regionales, que se despachan en 5 rutas que comprenden Sincelejo y Montería; Santa Marta, Valledupar Riohacha y Maicao; Cartagena y Ovejas en Sucre. Los destinos más lejanos son atendidos desde la 10:30 de la noche. El desafío es que EL HERALDO esté en cada rincón de la Costa antes de 6 de la mañana.

Rodando en la madrugada. Luego se activan las rutas locales, de las que se encargan 21 motorizados. Desde hace 16 años, Harold Insignares se adentra en las madrugadas barranquilleras, a bordo de su motocicleta. Llueva, truene o relampaguee su misión, como la de sus compañeros, es llevar el periódico a los subscriptores bajo su responsabilidad.

Rodando entre callejuelas solitarias, solo con la compañía del ladrido de los perros y bajo el amparo de la solitaria luz de las luminarias o de la diáfana “luna de Barranquilla que maravilla”, como dice la canción de Estrecita Forero, va al Barrio Abajo, al Centro, atiende a los clientes de la Zona Cachacal, a los del mercado público, a las empresas de la Vía 40 y a los residentes en los barrios Montes y Chino.

“Uno tiene que velar porque EL HERALDO llegue a los lectores en buen estado, que no se arrugue y, sobre todo, que lo reciban a tiempo, bien temprano. Generalmente salgo a las 2 de la mañana. Si no llueve o no me espicho ni nada, en unas 3 horas entrego todo”, cuenta Insignares, afiebrado juniorista y bailador de salsa como buen barranquillero.

Entre edificios, fábricas y viviendas hace 250 entregas, trabajo con el cual ha podido sostener a sus 7 hijos. Mientras la ciudad duerme, Harold rueda con la noticia fresca impresa, producto de todo un largo día de trabajo. Como se ha hecho desde la tradicional escuela del reparto, entre las sombras de la madrugada lanza en el domicilio de cada cliente los ejemplares de EL HERALDO que miles de costeños y barranquilleros leen, saboreando un café humeante, para empezar el día bien informados.

Por Carlos Polo

Publicado originalmente el 28 de octubre en las páginas impresas de El Heraldo.
http://www.elheraldo.co/local/los-secretos-de-la-rotativa-de-el-heraldo-225084

 

“El día que deje de vocear periódicos, me da algo”: Antonio Bilbao

Charlie CorderoBilbao sostiene un ejemplar de El Heraldo en la esquina frente al asilo San Antonio, su lugar habitual de venta. 

 

En un lugar del centro de Barranquilla, de cuyo nombre no quiero acordarme, un viejo hidalgo sale todas las mañanas a vocear las noticias en su Rocinante metálico.

Todos los días a las 3:30 de la madrugada, Antonio Bilbao se enfunda sus retazos de armadura: cada pieza (gorra, suéter, chaleco y manguilla) tienen los logotipos y nombres de diferentes periódicos, los mismos que sale a vender “para conseguir la papita diaria”.

El hombre lleva 63 años como voceador de prensa, “del tiempo de antes, el que cantaba las noticias para que la gente se entusiasmara y comprara”, como él señala.

Una vez ataviado, sube a su descascarado y oxidado corcel de piel azul, y sale de su casa en la zona cachacal, envuelto en la complicidad de la noche. En cada pedalada imprime las fuerzas que le permiten sus 80 años. Va a un ‘trotecito’ lento, sorteando calles oscuras donde solo se adivinan cigarrillos encendidos soplados por molinos de viento de carne y hueso.

A las 4 en punto llega a la sede de EL HERALDO, donde le entregan los ejemplares que va a vender. Bromea con sus compañeros de jornada, comentan las pasadas elecciones locales y departamentales (25 de octubre) sobre tal o cuál amigo vendió su voto y cuánto le pagaron. Ríen con camaradería, con las vistas fijas en los hatillos de diarios que van sujetando a sus motos y bicicletas.

Con manos apergaminadas, dobla cuidadosamente las 80 copias de AL DÍA, El Tiempo, La Libertad, Q’hubo y EL HERALDO que intentará comercializar. “Antes nos daban el doble pero ahora las ventas han bajado, con el internet ya las personas leen menos la prensa pero no creo que se acabe porque después me quedo sin trabajo”, afirma con una sonrisa antes de tomar rumbo hacia su lugar habitual.

Servicio al cliente. A las 5 de la mañana, la esquina de la calle 47 con carrera 41 está casi desierta. Solo algunos transeúntes se van quitando la modorra del sereno y se alistan para ir al trabajo. Algunos saludan a “Toño” en una señal de reconocimiento.

“Llevo cinco años en este lugar, desde que construyeron el Transmetro pero ya estaba desde antes en la Murillo (calle 45) y la gente ya me conoce”, cuenta mientras va distribuyendo los ejemplares en un muro y les coloca piedras encima, para evitar que se vuelen.

Recuerda que empezó en el oficio de voceador cuando tenía 17 años y vivía en el barrio Montes. “Con unos amigos nos pusimos a trabajar. En la mañana repartíamos EL HERALDO y a las dos de la tarde, cuando llegaban los camiones del interior, vendíamos El Siglo y El Tiempo”, señala.

Distribuido el surtido, Bilbao se sienta a descansar. Toma un frugal desayuno compuesto de un vaso de agua de arroz y un dedito de queso.

Llega un cliente que lo saluda como si se trataran de viejos conocidos y, sin que su interlocutor se lo diga, le entrega un ejemplar. La misma operación ‘adivinatoria’ se repite un par de veces más. “Ya conozco a mis compradores, son años de conocer sus gustos. Yo seguiré aquí mientras sigan creyendo en la prensa”, expresa con una sonrisa de satisfacción, iluminada por el sol que ya golpea la esquina frente al asilo San Antonio.

La mañana transcurre “con normalidad, aunque un poco lenta pero así son los martes”, dice con la sabiduría de 63 años anunciando titulares y espera que se venda todo como el lunes, “porque quedaron fue faltando periódicos con el especial de las elecciones”.

Una situación parecida, aunque en un contexto diferente, fue la que vivió después de los atentados de las Torres Gemelas, en septiembre de 2001. “Las ediciones de los días después se vendieron como pan caliente, volaron toítos los periódicos”, relata durante un rato de respiro que se toma.

Regreso a casa. El sol se acerca al cenit y con él la hora de recoger los cuatro ejemplares que le quedaron,  para ir a almorzar. “De pronto me coma una mojarrita frita o un bocachico. Hay que tener energía para  tirar pedal”, asegura con picardía.

Bilbao monta su fiel Rocinante y baja por la carrera 40, hacia su lugar de la mancha. En casa no lo espera Dulcinea del Toboso, desde 2008 se separó de su mujer porque, según él, “todo era una peleadera y una cantaleta, y uno viejo tiene que vivir tranquilo para durar más”.

En la vivienda funcionaba el Sindicato de Voceadores de Barranquilla, pero ahora está descuidada, llena de polvo y los enseres arrumados contra las paredes la hacen parecer un enorme cuarto de san Alejo. Algo similar a la habitación donde Alonso Quijano vivía rodeado de novelas de caballería, solo que Bilbao está circundado por viejas ediciones de periódicos de esta casa editorial, que hoy cumple 82 años de fundada.

A diferencia del personaje de Miguel de Cervantes Saavedra, el anciano vocero si ha perpetuado su estirpe con seis hijos que le han dado 18 nietos. A pesar de haber sacado a su familia adelante con el oficio, no todos sus descendientes están de acuerdo con que continúe trabajando.

“El mayor ya quiere que me vaya a vivir con ellos a Malambo, pero no quiero ser una carga para nadie. Me gusta ganarme mi dinero para comprarme mis cositas, además me gusta sentirme útil”, expresa con un tono de desafío en la voz.

Camina por la sala donde antes quedaba la asociación. Revuelve algunos diarios y acomoda los que están precariamente equilibrados. “El día que deje de vocear, me da algo”, lanza como una sentencia.

Como detenido en el tiempo, con recuerdos de historias que fueron noticia pero que quedaron obsoletas por el inexorable paso de los años se queda el viejo Quijote que se resiste a dejar de vocear la prensa cada mañana.

 

Por Álvaro Pión

Publicado originalmente el 28 de octubre de 2015 en las páginas de El Heraldo.
http://www.elheraldo.co/local/el-dia-que-deje-de-vocear-periodicos-me-da-algo-antonio-bilbao-225073

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Acerca de Iván Bernal Marín

Editor y periodista con estudios en filosofía. “La libertad del cronista permite contar mejor la verdad”, EMcC.
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